I N T E R N A C I O N A L
A 10 años del fracaso bancario en ese país
Banco Interbanc, perteneciente al Banco Osorno.
Arremetida Chilena en Perú

Gran parte de los bancos chilenos que se instalaron a comienzos de los '90 tuvieron que terminar el negocio y vender sus carteras de colocaciones a otras empresas. Actualmente, las financieras chilenas han retomado esa área y lideran el mercado en esa categoría.

por Pamela Ríos

En la última década, Perú se transformó en una opción válida como destino de las inversiones chilenas en distintos rubros. Más allá del éxito o fracaso que han tenido distintas empresas -especialmente los bancos que han entrado y salido del mercado peruano- las actuales financieras han podido sacar provecho de la experiencia de "los pioneros" que se atrevieron a invertir en ese país.

Cambios en el escenario

Con la llegada de Fujimori al poder se inició un período de estabilidad social y política que produjo un inminente crecimiento económico. A partir de 1994 aumentó el nivel de actividad, disminuyó la cesantía y se incrementaron los niveles de consumo de la población, que hasta ese minuto estaban a niveles comparables con los índices de Chile en la época del 70. Por otro lado, nuestro país llevaba varios años de crecimiento económico que fortaleció la capitalización de distintos grupos económicos y su capacidad para invertir sus remanentes financieros en otros territorios. Existía también el deseo de minimizar el "riesgo país" de las inversiones en Chile y el interés de mantener los flujos de exportaciones mediante el control de la comercialización.

Ante estas ventajas, los bancos chilenos se instalaron en Lima, iniciando una gran batalla para atraer a los consumidores de distintos estratos, que hasta esa fecha no eran considerados por los bancos locales. Así, el grupo Inverráz de propiedad de Francisco Javier Errázuriz compró el 58 % del Banco de Desarrollo de la Construcción -Bandesco-; el grupo Santa Cruz participó con en el Banco Solventa; Financiera Condell invirtió en el Banco del Trabajo y el Banco Osorno operó en el Interbanc.

Entre 1990-1995 este rubro fue el que más invirtió en ese país. Según datos del Comité de Inversiones de Chile la incursión fue de 182 millones de dólares, superando a otras actividades como la energía con 159 millones de dólares y la industria con 63 millones de dólares.

Uno de los primeros bancos que se instaló en Perú y que vendió su cartera de colocaciones a la Financiera
Cordillera del grupo Ripley

Un nuevo concepto de banco

Hasta ese momento la banca personal era prácticamente inexistente en ese país, por lo cual el crédito de consumo no se conocía. Los grandes bancos de Perú sólo se dedicaban a atender a las grandes corporaciones, porque la población de bajos ingresos y las pequeñas empresas eran consideradas de alto riesgo y sus operaciones crediticias de pequeños montos no llamaban la atención.

En entrevista exclusiva para "The Moroso", el ex gerente general del Banco Solventa, Jorge Stoltze, señala que cuando ellos tuvieron que implementar el banco dedicado al crédito de consumo fue muy complicado debido a la falta de información sobre el comportamiento crediticio de las personas, ya que el país no contaba con una Central de Riesgo tipo DICOM. Además, asegura que tampoco existía una fuente fiable acerca del mercado objetivo (cifras de población económicamente activas), por lo que hubo que recurrir a fuentes secundarias de información como las cifras de afiliaciones manejadas por las AFP.

Tal como lo hizo Solventa, todos los bancos chilenos impusieron este modelo, que fue seguido también por varias de las empresas locales. Desde ahí se comenzó a otorgar créditos a la población en general, especialmente a trabajadores dependientes sin considerar el bajo nivel de cultura de pago del mercado peruano.

Sin embargo, este fue precisamente el factor decisivo para que algunos tuvieran que retirarse del negocio, vendiendo carteras de colocaciones o fusionándose con otras entidades bancarias. Tal fue el caso de Solventa, que vendió su cartera de crédito a la financiera Cordillera del Grupo Ripley. También corrieron la misma suerte el Banco República (ex Bandesco), Serbanco y Porfin, por nombrar algunos.

Ante esta seguidilla de fracasos, Stoltze explica que en ese país -en un primer período- no se alcanzó la " masa crítica" de cartera necesaria para generar los volúmenes de ingresos requeridos por los negocios, debido a que el mercado objetivo resultó ser un 50% menor al que las cifras oficiales mostraban en los estudios de factibilidad.

Además, señala, "los niveles de riesgo que mostraron los clientes peruanos escaparon de las proyecciones más pesimistas realizadas en los estudios previos, con el consiguiente incremento en los gastos por concepto de provisiones y castigos. En algunos casos, este nivel de pérdida más que duplicó las peores estimaciones realizadas, las que consideraban un 100 % efecto país respecto de los niveles de riesgo que en esa época mostraban los mismos segmentos en Chile."

Otro factor importante fue que el gran número de competidores chilenos y locales se disputaron el mercado con campañas muy agresivas, que en definitiva sólo perjudicaron a los propios involucrados. Se suma a ello la situación del país, que no cumplió con las expectativas debido a que la economía no creció como se había previsto inicialmente. Ante estos motivos, los ingresos de un banco determinados por los intereses y comisiones, el costo del dinero y el riesgo de la cartera, terminaron por desintegrarse.

A pesar que este sector se vio fuertemente estancado hasta 1998 y se redujo en el período 1999-2000, hoy existe una gran demanda para satisfacer un mercado que aún es incipiente. Por ello, hay varias empresas que están trabajando para continuar en el rubro. Por ejemplo, la gran oferta de tarjetas de crédito de origen no bancario como CMR Falabella y Ripley. Ambas de capitales chilenos, están liderando el negocio dentro del ámbito financiero, sobretodo por su buena llegada a los segmentos socioeconómicos más bajos.

Financieras: un negocio con futuro

La tarjeta CMR pertenece a la Financiera CMR, la cual inició sus operaciones con la compra de la cartera de Prosefin en 1997 y se ha dedicado al financiamiento a través del crédito para compras en la tienda "Saga Falabella". En tanto, la tarjeta Ripley pertenece a la Financiera Cordillera, que existe desde 1998. Ambos negocios - que son similares a los existentes en Chile- iniciaron sus operaciones contando ya con alguna experiencia de los bancos nombrados anteriormente. Esto les permitió contar con valiosa información para determinar y proyectar sus niveles de riesgo, así como analizar los perfiles que debían cumplir sus clientes potenciales.

Actualmente, Perú es uno de los países latinoamericanos que muestra uno de los más altos índices de desarrollo económico, y es en este último período donde el sector bancario y financiero ha podido repuntar la compleja situación que vivió hace algunos años. Para el economista peruano Carlos Zapata, quien accedió a una entrevista con "The Moroso", el financiamiento de las empresas del rubro vía mercado de capitales es una de las alternativas más atractivas debido a que las tasas de interés están a la baja. Además, Zapata señaló que este tipo de financiamiento hace que estas empresas dependan menos de los mercados profesionales (bancos), lo cual les permite ser más competitivos en términos de tasas de interés.