M I C R O E M P R E S A
Empresas del maní conviven con tradicionales "buques"
Dentro de esta casona de Providencia produce "Nuts 4 Nuts", el proyecto de Luis Martínez que hizo del tradicional negocio del maní una industria
Fuente Foto: The Moroso
El "Conejo" de la Suerte

Los tradicionales buques maniceros parecen mantener su rumbo a pesar de la eficiente organización que han montado un grupo de pequeñas empresas lideradas por el "Conejo", un chileno que ya triunfó en Nueva York y que al parecer llegó para quedarse.

por Nicolás Román

Cuando Mario Kreuztberger presentó al "Conejo" en una de las tantas secciones de la Teletón del año 2000 nadie entendió de que se trataba. La explicación vino luego: su nombre era Luis Martínez Moreno, y estaba invitado al programa como ejemplo de superación personal y esfuerzo por haber conseguido hacía 11 años su propio "sueño americano". En pleno centro de Manhattan, el chileno se había convertido en un próspero microempresario con "Nuts 4 Nuts", empresa administradora de carros maniceros.

Probablemente nadie del público esperó que en poco más de un año se instalara en Chile, ayudado por su experiencia y por los deseos de emprender esta vez el negocio en su propio país, donde prácticamente no existían iniciativas de este tipo.

En menos de 12 meses, la empresa ya dominaba las calles del centro de las principales ciudades de Chile. Se instalaron en malls, galerías, supermercados y en la vía pública, consiguiendo cuanto permiso fuera necesario para trabajar de acuerdo a la normativa vigente. En Santiago, por ejemplo, debieron luchar meses por conseguir la autorización para ocupar la zona cívica, pues no existe permiso alguno que autorice la venta ambulante.

El éxito notorio y la buena calidad del producto motivó incluso a otras empresas a ingresar a este mercado, promoviendo nombres como Maní Roasted o Maní do Brasil, que en menor proporción también han crecido a lo largo del país.

La llamativa presentación de naranjo y negro al estilo Nueva York no es lo único que los transeúntes pueden apreciar. Los vendedores también se uniforman con jockey y polera y los relucientes carros metálicos se instalan sobre pisos verdes que contrastan con el cemento. Así, poco a poco ganan terreno sobre la venta informal y a ojos de los más nostálgicos parecen estar concretando lo que se temía: la pérdida del tradicional buque manicero, que databa de los años 30. ¿Quién podría resistir tamaña organización de hombres y recursos?

A mí, maní

Omar Opazo es uno de ellos. Comerciante del rubro hace 32 años, cuenta con orgullo que la instalación de estas cadenas no representa una verdadera competencia, pues a su juicio la gran variedad de productos que ofrece marca la diferencia, a lo que se suma la importante clientela fija que tiene. "Aquí viene mucho abogado, de tribunales, del Conservador, de toda el área, clientes leales que llevan años comprándome", asegura de su local ubicado en Morandé esquina de Compañía.

Explica que su buque azul suele desaparecer en verano, cuando es reemplazado por vasos de vidrio y jugosos mote con huesillo. Esta práctica, sin embargo, la viene efectuando hace años, como producto de la baja en las ventas de maní en esa época del año y en ningún caso por la nueva competencia.

A decir verdad, la variedad es la principal característica del carrito de don Omar. En primera fila el confitado, salado y tostado, en diferentes empaques y precios. ¿El más vendido? El de 200 pesos, asegura. Más arriba se reserva espacio para nueces y almendras, y ahora último para unas pocas golosinas.

El buque de don Domingo Campos en Plaza de Armas ya es parte del paisaje, por lo que prácticamente no le afecta la competencia de grandes comerciantes de su rubro
Fuente Foto: www.nuestro.cl

Como él, Domingo Campos tampoco parece conocer la palabra competencia. Su modesto local de Plaza de Armas permanece impertérrito frente al tiempo y la llegada de otros colegas, probablemente por la seguridad que le da llevar décadas en el mismo punto. Aunque él no lo diga, sin embargo, su oferta hoy es mucho más que maní, pues abundan los paquetes de galletas, dulces y en general todo lo que recuerde a un quiosco escolar.

Mientras tanto, lejos de los principales puntos de venta, unas 20 personas trabajan en la preparación y distribución de "Nuts 4 Nuts". El galpón de José Miguel Infante, en Providencia, aloja balones de gas apilados y un aspecto no lejano al de un taller mecánico, entre lo cual dos mujeres de delantal blanco distribuyen el azúcar que dará lugar al exitoso confitado que cubre cada uno de los maníes importados de Asia. Más allá, algunos hombres cuelan los granos ya procesados y otros revuelven el confite que hierbe.

El pequeño paquete que termina con esta cadena cuesta 300 pesos. Y hay que decir que en este coste se incluye, además de la preparación y entrega en camiones, lo requerido para mantener estándares de sanidad adecuados - impuestos por el Servicio de Salud Metropolitano del Ambiente, SESMA- y naturalmente el sueldo del vendedor, que va en directa relación con las ventas.

Hasta el momento, el sistema ha resultado conveniente también para estos últimos. Boris Basualdo, por ejemplo, trabaja en el paseo Estado casi al llegar a Agustinas, no muy lejos de otros tres compañeros que ofrecen el mismo producto en menos de 200 metros, de un total de 23 que existen en el centro. Sin dejar de limpiar su carro, el joven confiesa que dentro del medio - no parece gustarle el rótulo de "comerciante ambulante"- se considera bien pagado. Su sueldo comienza con el mínimo legal, es decir, 111 mil 200 pesos mensuales. De ahí para adelante, se llevará el 10 por ciento de todo lo que venda sobre 1 millón 100 mil pesos.

Al costado de tribunales, por su parte, Omar Opazo no quiere confesar sus ganancias. Su sobrino asegura que le permite mantener a su familia e incluso pagarle un sueldo a él. Con el recelo de siempre, a los maniceros no les importa la competencia, sino sólo el cliente y su buque. Que nadie les hable de zarpar.

Enlaces:
Entrevista Teleduc 2002 a Luis Martínez, el manicero de Nueva York en Chile.
http://www.alejandria.cl/videos/clubempresa/2002cap_9.htm